AD10S MARADONA

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Hace apenas horas el mundo despedía a una de las personas mas queridas e idolatradas de la humanidad. Quizás sea su origen plebeyo, su enorme carisma o el hecho de haber brotado de las entrañas mismas del barro lo que lo convirtió en un ser tan querido.
Cualquiera fuera la razón, Diego Maradona latía desde hace tiempo en lo profundo del pueblo trabajador, en la ilusión de los pobres, en la esperanza de los oprimidos. En cada gol, en cada puño en alto, en cada desafío arrojado sobre la mesa de los poderosos Diego encarnaba la voluntad de los descamisados, hacia nuestro cada uno de sus triunfos y es por eso que con su muerte muere también una parte de nosotros, muere la magia, y le decimos adios a nuestros sueños de la infancia.

Esa es la única forma que encontré para racionalizar tanto dolor. Ahora solo nos queda el vacío, que es inmutable. Intentaremos llenarlo con sus anécdotas, igualaremos sus proezas con las de San Martin y Belgrano, enfrentaremos al imperio como lo hizo nuestro Espartaco, lo tatuaremos en la piel y lo llevaremos a todos lados, compilaremos todas sus frases y, como apóstoles, escribiremos una biblia mas humana, y aun así nada nos traerá de nuevo la magia, aunque nadie le quitará a él lo bailado.

Las fotos tomadas por Nazareno Chavez, Emanuel Oberlaender y Adriana González durante su último adiós son apenas una muestra del inmenso cariño que este ser de otro planeta a sabido despertar, pero esta historia, como todo su periplo, tampoco esta exenta de villanos. Nunca le perdonarán la arrogancia de querer entender como funciona el mundo, la geopolítica, ni la gallardía para enrostrarles su opinión, para devolverles la pared a los de palo, a los de afuera, a los que siempre lo arruinan todo.
Entonces lo perseguirán, por haber señalado a los Juan Pablo II, a los Bush, a los Magnetto, y a todos sus empleados. Y ahí estaremos nosotros para levantar su bandera, por que él siempre levanto las nuestras, las de Evita, las de las abuelas y las de todos los pueblos del sur del mundo.

Sea como fuere, su velorio es otra muestra del eclecticismo del héroe y nos deja en claro que el pueblo no se equivoca, nunca olvida y sabe pagar con lagrimas cada una de sus alegrías. Esta semana supimos, de una vez por todas cuanto lo amamos, aunque hubiésemos preferido la ignorancia, y estamos empezando a entender la magnitud de su legado.
Una ultima sugerencia: no quiten “la 10” de la selección, déjennos mirar distraídos un partido de la Argentina y sentir por un segundo que entre las piernas de los rivales se asoma esa zurda genial, indescifrable, inmortal.

Fernando Rodríguez

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