ESQUIRLAS: viaje a la Argentina ocupada

ESQUIRLAS: viaje a la Argentina ocupada

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Esquirlas: viaje a la Argentina ocupada, de Lucas García Molinari, es una evocación a nuestras islas que desafía la manera establecida en la que pensamos y debemos pensar acerca de ellas. Nacido en democracia, el fotógrafo argentino indaga acerca de la posibilidad de pensar en Malvinas más allá y a pesar de la guerra, al mismo tiempo que abre con su obra algunas preguntas que interpelan críticamente a la propia máquina cultural. ¿Cómo se narran las Malvinas? ¿A los fines de qué se las trae a colación? ¿Cómo se ve, de hecho, ese paisaje que imaginamos desolador y ajeno, tomado por una lengua colonizadora? ¿Cómo es el territorio dentro del mapa, de ese contorno que los argentinos conocemos de memoria?

Los ensayos de Susan Sontag reunidos en 1977 en Sobre la fotografía reflexionan sobre el valor de la fotografía, constatando que las imágenes fotográficas no sólo redimensionan nuestra forma de mirar sino que constituyen una gramática en sí misma y hacen del fotógrafo un héroe moderno. García Molinari viajó a las Islas Malvinas en el mes de mayo de 2017 para hacer frente a un interés de saber que excede a ese binomio presuntamente indisoluble conformado por la fotografía y el turismo que, de hecho, es quebrado en las puertas de la aduana con el peso del pasaporte. El visitante argentino de las islas no es nunca ―únicamente― un turista, un sujeto enganchado a esa cadena donde la realidad es apenas una secuencia de consumos. Un argentino en Malvinas es un expedicionario, que observa y reconoce el terreno, y que convierte a su cámara en brújula y a cada foto en un documento de la historia.

Esquirlas: viaje a la Argentina ocupada es un ensayo fotográfico que, desde el título, se atreve a invertir posiciones. García Molinari desplaza la extranjeridad hacia el lado de quienes ocupan en efecto las islas y presenta el territorio como hecho político. En este mismo sentido, se ponen en pugna los sentidos de pertenencia (del habitar) y los actos de apropiación (del ocupar) que se reflejan en la experiencia fotográfica del autor. Esquirlas puede pensarse como la documentación de una sensibilidad responsable con su soberanía y leerse como un poema patrio. 

Por tales motivos, es probable que el frente de una casa adornado con enanos de jardín, inocentes y coloridos, en posturas torpes y despreocupadas, no generen en nosotros algo demasiado distante de la angustia. ¿Qué representan esas figuras de yeso desparramadas en el césped? ¿Qué nos sugieren esos cuerpos sonrientes, detenidos en el tiempo y a la intemperie, con las manos en alto? ¿Qué lugar queda para la ornamentación ―como típico gesto de consumación hogareña― en un espacio signado por la disputa territorial y la guerra? Es posible que para Kay McCullum, dueña del jardín de la casa donde se hospedó el fotógrafo en Puerto Argentino, no exista en esas figuras ningún tipo de afectación moral. El observador es el portador de una conciencia política determinada por la historia ―una memoria, también una verdad y una justicia― y no es nada menos que la fotografía la que la estimula, la revive, la suscita.

En las fotografías de Lucas García Molinari el silencio se oye más fuerte que las voces y las murmuraciones de esta parte ocupada de la Argentina. Y es ese aire intrépido el que carga con la provocación y que invita a una lectura subversiva de aquello que nos es mostrado. La imagen de un viejo “Coach tea room” con la leyenda “Falkland Islands” en el lateral, abandonado a la vera del camino, tomada en Kiel Canal Road en Puerto Argentino, y las cocinas de guerra argentinas, pertenecientes al Batallón de Infantería de Marina Nº5, fotografiadas en el Monte Tumbledown, dan cuenta de lo que hoy no es pero que, alguna vez, ha sido, poniendo en tensión el par uso/abandono. Así, la apropiación del fotógrafo no se limita a la imagen sino que atraviesa la dimensión del tiempo, como una cuarta pared donde el óxido y las huellas que todavía resisten su lectura ―como la inscripción POW, siglas de “prisoners of war”, sobre las chapas negras de un galpón― aparecen para subrayar una nostalgia difícil de tramitar. Como forma artística de masas, el ensayo fotográfico de Esquirlas parece darle la razón a Sontag cuando sentencia que la fotografía es un arte elegíaco que se disputa de forma constante entre el embellecimiento y la veracidad del mundo. 

PAULA PUEBLA

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