MATECITO

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¿Se puede robar el alma de una persona con una fotografía? ¿Puede quedar capturada en ese intervalo de tiempo de luces y sombras? Algunas culturas originarias de América así lo creían y por eso eran reacias a posar frente a ese aparato mágico llamado cámara. Más allá de cualquier superstición, frente al avance de la modernidad, como toda creencia mítica algo de verdad encierra.

Lo de robar, aplicando la lógica, se puede poner seriamente en duda; ahora lo que sí resulta innegable es que una fotografía capta la energía propia y vital de lo retratado en un instante del presente, que rápidamente se convierte en pasado, pero queda plasmado para el futuro.

Cuando miramos una fotografía lo que vemos, de hecho, no es la realidad en sí, sino la representación de aquel ahora en forma de documento. Y como hay tantas realidades como puntos de vista, al decir del filósofo español José Ortega y Gasset, cada fotografía es, ni más ni menos, que única e irrepetible.

Cada fotografía de Joaquín García no escapa de estos preceptos y reflexiones, al contrario, los enaltece y logra cautivar al espectador a través de la sinceridad de su estética, más aún en esta serie en blanco y negro de los Corsos “Matecito” de Gualeguaychú. Un recorrido visual lleno de risas, miradas cómplices, sentimientos de alegría, asombro y diversión, en el que su cámara se involucra en las escenas de manera imperceptible, pero precisa para mostrar esa subjetividad a la que denominamos belleza.

“Matecito” es un viaje testimonial y emocional de uno de los eventos más convocantes de la ciudad carnavalera por excelencia.

Fernando Piciana

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