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Día 71 de cuarentena

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Segunda entrega del Diario de Cuarentena del escritor Federico Girón que, con un humor sutil y por momentos controversial, nos invita a su mundo interior para reflexionar cosas que de una u otra manera, le pueden suceder a cualquiera en estos tiempos.


Querido Diario:

Cuando digo que estoy mal, estoy mal. No jodo. No jodo para nada. Lo aclaro porque todos creen que exagero en broma. Hablé por video llamada con mi ex mujer, bah, con mis hijos, pero ella se metió. Se cagan de risa de lo que les digo. ¿Acaso está mal que les recomiende que no usen el mismo jabón en la ducha? Y que no se acerquen a más de dos metros de la abuela (con ellos vive la madre de mi ex, mi ex suegra, una vieja que me odia — y yo a ella— pero, ¿quién quiere en la familia una muerte por este virus?). Es sentido común, vamos, ¿o no, Diario? Si los viejos caen como pajaritos, lo dicen en todos lados. También les dije que no anden tocando al gato; el mayor se ponía delante de la cámara con el gato que le caminaba por la espalda y le franeleaba la cara. Un asco, casi un suicidio. Yo ya te conté, Diario, al mío no lo toco hace tres meses por lo menos. Otra. La comida. Les dije que dejen de comer fiambre, ¿no se dan cuenta de que al fiambre no lo cocinan antes de comerlo y que el fiambrero puede haber tosido su miasma apestada encima mientras lo cortaba? Vamos, Nélida, cocinales algo, si estás rascándote el ocote todo el día. Me mandó a la mierda. Y sí, supongo que con razón, porque le grité después de que me mandara a la mierda, mientras veía en la pantalla como se iba para su cuarto, “y dale, que revienten todos, tu vieja va a ser la primera, y lo digo porque es paciente de riesgo, no por algo personal”, ahí giró y me mandó un: “mirá, pelotudo, haceme la transferencia de la cuota esta misma semana o te hago una visita con mi vieja, el gato y el chino de la vuelta y te escupimos una batería de retrovirales a ver si te curás de la fobia”. No tengo filtro. Nélida tampoco. Estamos muy nerviosos, Diario, todos, lo entiendo, pero bueno, no me puedo guardar que una feta de jamón pueda llegar a ser la alfombra mágica de los virus y bacterias de esta época de mierda. El fiambre está sellado al vacío, papá, no hay oxígeno para que viva algo ahí dentro, me dijo el menor. Se, claro. La verga al vacío te pongo y vas a ver cómo se te pone verde. Eso pensé, no se lo dije. Oí que ese bicho en la materia grasa vive de fiesta, coge y se reproduce como los Gremlins bajo la ducha. Y vamos, además, ma qué jamón, hace rato que no se come jamón en este planeta, jamón lo que se decía antes jamón, de cerdo digo, viste, en mi época que era todo más natural, ahora es grasa saponificada de mono lo que nos venden, una paleta sanguchera procesada. Y sí, a todo le meten grasa de mono, hasta a las galletitas surtidas y a esas negras como la brea, si en el paladar sentís la pasta adictiva que le zampan a toda la comida. A veces me dan ganas de que este virus nos limpie a todos… y sí, a la concha de la madre, Diario, si hacemos todo como el orto… Estaré viejo, qué se yo. Claro, yo soy el que está dentro de mi cabeza y sabe que no jodo, que hablo en serio. Y les digo grasa de mono y se cagan de risa los muy pelotudos, les cuento que limpié la tanza de la bordeadora con alcohol antes de cortar el pasto y se mean de risa, todo les da gracia… será la edad del pavo. ¿Está mal que les recomiende que la vieja desayune y coma en su dormitorio? No, claro, ahora si la abuela se enferma y se muere, mierda que van a superar la culpa, claro, y vos, Nélida, ni te cuento… Porque al margen de que les insista y les insista (ya sé que ya son grandes) que ni salgan ni a tirarse un pedo al balcón, la loca de mierda de mi ex los deja ir al chino. A los dos, y se turnan. Si no se contagia uno se contagia el otro, y si no, uno lo contagia al otro y el otro a la abuela y así… todo a la concha del tero, así, en un instante. Al chino encima, querido Diario, ¡al chino! Mirá, no puedo más de la angustia. Los chinos que quizá estuvieron de visita en China hace unos meses, y no solo eso, que seguro se trajeron un montón de cosas de allá y que son una potencial amenaza. Ponele: un chino se trae un gatito de esos dorados que agitan la mano, y el que lo fabricó o empaquetó allá en china le dejó la cepa pegada en su superficie, y el chino acá lo pone a andar en el super y el gatito no hace otra cosa que agitar la mano y desparramar el virus por todo el salón… madre mía. Además, viste, fueron los primeros (mientras todos se cagaban de risa de ellos por comer sopa de murciélago) en meterle celofán a todo el perímetro de la caja registradora, porque claro, dale, vos cagate de risa del chinito con cara de pelotudo detrás del film transparente, pero los chinos la tienen clara, la saben de primera mano cómo te voltea este virus hijo de mil puta cual escopetazo a pajarito desprevenido. Yo veo los noticieros, vi los videos que me mandaron por whatsapp de la gente agonizando o muerta dentro de sus casas… no, a mí no me la vas a contar. Y sí, Diario, ya sé que están grandes. Y los extraño. Muchísimo. Me dijeron de venir a casa. Una escapada y nos quedamos unos días, dale. Les dije que no, fui terminante aunque por dentro me partía de ganas de decirles, dale, vengan, que se pudra todo si se tiene que pudrir y ya… Aguanten unos días más, estamos lejos además, a ver si los intercepta un control policial, no se pongan impacientes, en unas semanitas, quién te dice, pasa rápido, chicos, vamos, les dije, quién les dice que capaz que ya esté la vacuna. Otra vez se me cagaron de risa. Ayer miré algunas fotos viejas. Me llevé un álbum a la cama. Las vi después de contarte a vos todo lo del día, querido Diario. Fotos re viejas. La mierda, cómo pasa el tiempo. Me tapé y calentito bajo la frazada, despacito fui pasando las páginas, me las vi todas. No te exagero si te digo que después de ver el álbum completo me hubiera podido morir tranquilo. Sí, exagero. Mierda que me quiero morir. Antes por lo menos los quiero abrazar fuerte una vez. El más pibe tendría un año y medio en ese álbum, estaba gordito, pelado, un rollo tierno de papada tenía y me acordé que a mí me encantaba tirarlo boca arriba en la cama y besarle el cuello, enterrar mi nariz en ese pliegue regordete y con la barba le hacía cosquilla y él gorgojeaba a pura carcajada con esa risa musical de cabecita negra… qué bebote más lindo la reputa madre, qué linda época, y te juro que me vino la remembranza, ma qué remembranza, me vino el olor de ese aroma suave a quesillo de leche materna vomitada que se le juntaba en ese pliegue. Qué lindo, Diario. Me dan ganas de llorar. Y cómo se sufre ahora, sobre todo por ellos, qué miedo que les pase algo… La cosa es que me dormí con ese aroma a vomito de bebé y te juro, sin siquiera acordarme de tomarme una pasti, por eso ahora me traje otro álbum, que es más actual, de unos siete o diez años. Mañana te cuento si me funcionó otra vez como sedante. Bueno, voy a mirarlo. Todo va a salir bien. Tranquilo. Eso, si nos mantenemos tranquilos y hacemos las cosas bien, todo va a salir bien. Por hoy nada más, Diario.

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#HASHTAGS: cuarentena | diario | encierro

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