Día 88 de cuarentena

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Querido Diario:

Oí: Mar del Tuyú. Mar del Tuyú ya lo descarté, quiero un lugar más verga para irme a vivir, que no me joda nadie, que en invierno si me cruzo con algo cercano a mi especie sea otro barbudo recontra fóbico sin ganas ni de mirarme. Quiero mar y una casita para alquilar toda la temporada baja y en verano, que es seguro que llegue toda la chusma a remojarse las patas, pues me podría volver para acá, a mi casa. ¿Qué opinás?, ese es mi plan para cuando termine la cuarentena. Las Toninas, ahí está, ponele que Las Toninas me re cabe. ¿Muy extremo?… es lo que pienso ahora. Me está gustando demasiado no ver gente. Por eso me veo en Las Toninas, eh, Diario, sí, meta pesca y puro sonido de mar, viento helado, recagarme bien de frío, soledad… Invierno Toninas all the life. Y sí, mejor que ver humanos. Nada más, nada de noticias, nada de curva aplanada ni pico de contagio, nada de preocupaciones. No fui nunca a Las Toninas, supongo que debe ser un espanto y si lo que quiero es no ver gente, obvio que me aguanto la estética de cualquier lugar de mierda. O no, Diario, yo me imagino que en invierno en Las Toninas no queda ni el mar. Sí, no te miento, voy a concluir lo que la cuarentena empezó a hacer conmigo, a terminar la transformación hacia un viejo rancio y seborreíco come corvina, cornallitos y almejas, sí, me voy a jubilar allá como discapacitado mental y a la concha de dios con todo. Te cuento: de la oficina, ya te lo mencioné unos días atrás, me mandan algunas tareas, llamados a clientes, pólizas para revisar… lo de siempre, bah. No me quejo. Me depositan el sueldo (parte del sueldo; igual no me quejo) y en pantuflas y con el pelo revuelto y engrasado, trabajo con el mismo software que en la oficina, hablo con los clientes, intercambio información con la misma gente de la oficina… y no les veo la cara prácticamente. Regio, Diario. ¿O no? Te juro que entregaría otro treinta por ciento del sueldo para que esto no cambie nunca. Y no exagero, Diario. Gasto menos. No viajo como ganado. No me pago almuerzo. No me tiento con boludeces. No le cargo nafta al auto los fines de semana. Y sí, si no se puede casi salir. No pago peajes. Pido casi todo delibery. ¡No tengo que salir! No me enfermo, ¡podés creer, Diario!, qué paradoja, en plena pandemia y ni un moco me asoma. Es ideal esto, Diario, ¿quién iba a decirlo? Claro, decís que pasé de la angustia a la euforia, a la manía, eso pensás. No, tampoco es que descubrí la pólvora, ni que estoy a pleno ni que me siento al cien por cien… No estoy tan bien, eh. Te doy un ejemplo: me enferma, me da miedo, me angustia, me hace contraer la mandíbula hasta trabarse al mejor estilo Pitbull al oír la palabra “hisopado”, si, Diario, estoy hasta los huevos de oírla en la tele, la radio, internet… Ves, ya me puse de mal humor. Me angustié. ¿Sabés que es lo que no quiero de mi vieja vida? Volver a ver gente, volver a ver la cara de concha de mi jefa, no quiero ver más al resentido de Castro siempre chupando culos por un ascenso, menos al pelotudo de Rígoli, ¡Rígoli!, no, por Dios, tan forro con su ropita a la moda los viernes de “casual dress”, le encanta los viernes a Rígoli, lo entusiasma la llegada del viernes y decir “casual dress” y estrenar su tesoros de placard… no es que me moleste su ropa en particular, o sí, es que me di cuenta hace poco qué era lo que me enfurecía de su ropa, y no era la estética, los colores o los estampados, no, nada de eso, sino de dónde venía ese gusto por esos chupines que, entre nosotros, le quedan como el orto con esas patitas arqueadas, dios, y esos zapatitos en punta… se le ven los tobillos tan blancos y raquíticos. Un ridículo. El forro se viste igual que los jugadores de futbol exitosos de primera división. Ah, y a eso le suma el mismo corte de pelo de los jugadores de Europa… tendencia ratón aspiracional. No, Diario, no aguanto a ninguno, no quiero volver a verlos. Ellos tampoco deben querer verme, seguro tienen una lista de cosas que no toleran de mí. Me hago cargo de que a veces soy intratable. Estaba como cegado o resignado, qué se yo, y la cuarentena me puso frente a los ojos este odio, me cago de odio de pensar en volver a ver a esa gente. La otra vez hicimos una reunión en zoom… no quiero acordarme. Yo ni prendí la cámara, hacía quince días que no me afeitaba y cinco días que no me bañaba… mentira, ocho días por lo menos. A vos no te voy a mentir, Diario. Tenía puesto un jogging que ni para trapo de piso aguantaba. Ni el gato se me venía acercando ya. Y todos estaban impecables, simulando estar en su mejor momento, las mujeres con el pelo planchado, maquilladas, Rígoli con gel en el pelo, rapado a cero en la nuca y con sus penachito de futbolero bien en alto…. hasta algunos dijeron extrañarse, que tenían ganas de volver a la oficina, ¿podés creer? Mostrate, me dijo Rígoli, no seas arisco, che… estuve a punto, te juro, de poner la raja de mi culo en primer plano. Qué se yo, como en las primeras semanas de cuarentena yo sigo deseando drones minando las calles y lanzando pedidos de todo tipo. Lo que sea que la gente necesite para que no salga. Bombas, si fuera necesario, mirá lo que te digo. No quiero volver a ver a nadie, quiero decir de manera estrecha, Diario, ojo, salvo a mis hijos, no voy a cansarme de repetirlo, no sea cosa que pase por un ermitaño, un antisocial, característica de la que considero estar lejos, pero, qué se yo, te hago el laburo desde la Toninas, eso le voy a decir a mi jefa: Miriam, hago mi trabajo y el tuyo si es necesario con tal de no aguantar tu mal humor y tu cara de concha. Oíme, Diario, no doy más, ya me angustié. Ves, ahora tengo miedo, pero miedo de que termine la cuarentena. Hace unos días que me pasa. Dicen que habla el presidente y tiemblo, ruego que no se le ocurra levantarla. No quiero que llegue nunca el famoso “pico”, que la curva se haga eterna mirá… Estuve viendo porno con enanos. Eso me relaja. Cuando veo que la cabeza no me da más, voy directo al porno con enanos. Me estabiliza. Escuchá, al final no te conté de los sueños raros que vengo teniendo. Salchichón. Eso, soñé que mi ex suegra tenía cabeza de salchichón primavera. Se mezcla todo, viste, será que los vengo cagando a pedos a mis hijos y a Nélida para que paren de comer fiambre por esto del virus… nada que no se cocine a más de 80° es seguro hoy. Suerte que no vivimos bajo el mismo techo, los extraño, eh, pero prefiero no ver lo que hacen. Oí lo de salchichón, los ojos eran aceituna cortaditas, viste, en círculos, la nariz rojita, un morrón, obvio, imaginátela a mi ex suegra, se, pesadilla, claro, y yo, mirá que pedo, le daba un mordisco en esa cara salchichón primavera y los chicos se cagaban de risa y Nélida, que tenía un barbijo hecho con una feta de queso Danbo, me decía mientras yo masticaba con gusto el salchichón-suegra, listo, le contagiaste el virus, sos un hijo de puta, siempre la odiaste a mamá, basura, y yo la corría como un depravado, no sé, supongo le quería morder el barbijo de queso… ay Diario, un horror, bueno, perdón, pero me cago de sueño, voy a tratar de dormir ahora. Mañana la seguimos que tengo más para contarte de los sueños. Dale, todo va a salir bien, Diario, por hoy nada más. Hasta mañana.

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