"Un artista a contramano"

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El prócer anónimo del Rock (parte 2)

"Un artista a contramano"

El prócer anónimo del Rock (parte 2)

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Va llegando el tiempo de preguntarse ¿En qué parte de la historia se corta el último eslabón que une a la bohemia rockera de antaño con nuestros días? ¿O es que permanece inmanente en los músicos actuales y solo se materializa en la retina del ojo experto? ¿Cómo puede ser que el común de la gente desconozca a músicos como Zaguri, Willy Gardi o hasta el gran Alejandro Medina?

En la pasada nota, repasábamos el raid rockero que pajarito había trazado desde aquel disco fundacional del rock nacional hasta la cruenta dictadura que apagó los amplificadores de la escena porteña en 1976. Dieciocho años después del golpe, Pajarito declaraba que pegarla era también en parte transar y que “había un mensaje detrás”. No era solamente rock and roll. Tal vez, esa fobia al éxito que subyace entre las líneas de su relato explique mejor el derrotero de su carrera. En el diálogo con Carlos Polimeni, del que se extraen estas citas allá por el año 1994, escuchamos a un tipo cansado de “la mentira de Menem” que no cree “que se le pueda ganar al sistema”, mientras  le reclama más compromiso político a las bandas contemporáneas y cuenta que dejo de tomar alcohol porque le gusta “ser borracho pero no boludo”, al tiempo que opina que “la droga es un chupetín para la bronca”.
Algo del mensaje de su obra puede resumirse con la simpleza de sus palabras en aquella entrevista: “no compres nuestros discos, pero dale una mano a tu hermana que necesita un mango”.

Políticamente, Zaguri era un peronista de la primera hora que había conocido a la pareja gobernante, en su infancia, cuando está llego en el yate presidencial a las costas de Entre Ríos donde su padre era baquiano. De su extensísimo anecdotario se desprende este curioso relato que tuvo lugar en algún momento entre 1946 y 1955. En aquella oportunidad, el rocker fue subido a la embarcación para saludar a la abanderada de los humildes, que según contó el protagonista con los ojos iluminados, le dio un beso y le tiro de los cachetes. Pero Pajarito nunca ocupo un lugar orgánico en ningún partido político. Su militancia individual al margen del sistema, tocando en bares del oeste durante los años setenta, le valió el reconocimiento del under y lo acerco al blues. La esencia despojada y profunda del género afroamericano lo definiría más como ser humano que todo lo anterior.

Sin embargo, esa fue una década durísima para los artistas latinoamericanos y la dictadura de Videla hizo estragos con nuestros músicos y músicas. Si bien los espectáculos de rock no estaban prohibidos, muchos artistas perseguidos y cansados de que los milicos caigan en los boliches a “hacer racia” se exiliaron en España y Francia, mientras los más humildes vieron cerrar las puertas de los bares teniendo que encarar actividades más redituables. Zaguri, como le decían por el novio de Brigitte Bardot, encontró a una dama no tan blonda, pero definitivamente tan loca como él, para el papel estelar de compañera de vida y se enamoró. Patricia se lo llevo a vivir al oeste de Cordoba y en “La Claridad”, como se llamaba la casa que habitaron, escribió, según él, las mejores canciones de su vida.

En 1984, convertido en padre y con nuevo material debajo del brazo el rocker volverá, junto con la democracia, para armar una banda de lujo con algunos pesos pesados del rock como: Black Amaya y Claudio Gabis. Editaran un disco de bluses ruteros que tendrá escaso éxito comercial titulado El Rey criollo del Rock and Roll.
Aquel blues que había asimilado en su paso efímero por Rockal y La Cría, la banda de Rocky “Rockal” Rodriguez, levantará vuelo para alejarse de la zapada y alcanzar sonidos más entusiastas en los 10 tracks que componen el álbum.
Deberá pasar exactamente una década para que el prócer anónimo vuelva por los estudios, esta vez para grabar el disco que Nekro (de Fun People y Boom Boom Kid) se compró porque el envase era una caja de pizza. En el 2000…( también) de 1994, cuenta con la producción del legendario Alejandro Medina (Vox Dei) y es un compendio de blues y rock & roll con licencias para explorar el tango, la milonga y hasta el fox trot, que alza la voz para criticar la postura rocker capusottesca de algunos músicos contemporáneos. La obra, que para la crítica fue de lo mejor del artista, se presentó, haciendo juego con la portada, en la pizzería Los Inmortales y contó con la producción de la empresa Music Hall. Pero los corresponsales y las cámaras se quedaron aguardando la figura del músico que nunca llego a destino, perdido quien sabe en qué estación o cafetín de mala muerte.


Como un kamikaze Alberto Garcia, como realmente se llamaba,  pasó casi toda su carrera grabando discos de escaso éxito comercial. Pero con un artista a contramano, donde el ojo idiota ve fracaso el buen observador entenderá el éxito de haber pasado toda una vida sobre las tarimas. El único lugar donde Pajarito podía volar y hacer de las suyas mientras se divertía calcando con las manos la mímica de la guitarra.

Analizando su linaje rockero podríamos decir que si el padre de lo que los “roqueritos” de Saavedra llamaron despectivamente “rock chabón” fue Korneta Suarez y su hijo más legitimo podría  ser Pity Álvarez, el abuelo de este seria sin dudas Pajarito Zaguri.

El nuevo milenio lo encontraría como de costumbre en la penuria económica pero residiendo ahora más al oeste que nunca. Su estadía en el conurbano le sirvió para conocer la tribuna del Argentino de Merlo mientras los tiempos de rock barrial y revisionismo histórico se hacían propicios para que desde el under volviera a emerger nuestro héroe. Su cuarto disco como solista, El mago de los vagos(2006),  fue grabado por un verdadero dream team del blues, entre los que se destacan Javier Martínez, Claudio Gabis, Alejandro Medina y algunos de menos renombre que llegan a superar a los maestros en pasajes de alto nivel como “Blues del diariero” y “Floresta”. Escrito en Córdoba, es según el artista la altura máxima de su carrera.

Tres años después, se edita el que sería su último álbum. Sexogenario (2009) es untrabajo que resulta, según este humilde cronista, el más diverso y logrado de toda su carrera. Al igual que el disco anterior, tiene pinceladas que van desde el blues de  Chicago hasta el delta, pasando por la milonga y la chacarera-blues en “Ella es América” (todo un hallazgo!). Promediando la obra, se siente la voz disminuida por los años y el ensamble comienza a sonar como una banda de blues de elite con un vagabundo al micrófono. La pesada del blues marca el pulso para la colaboración de Claudia Puyo y dos estándares del rock castellanizados: Bee Bop a Lula y Kansas city aportan un matiz de rock originario. Sobre el final, el disco vuelve a sorprender con Rebelde de Los Beatniks para cerrar de la mejor manera aquella carrera discográfica abierta hace 43 años y cerrada con esa misma y legendaria canción.

Pocos años antes de su muerte, La Perla de Once había iniciado una especie de resurrección de la mano del ex Almendra Rodolfo García quien comenzó a convocar a algunos de los referentes del rock como Miguel Cantilo, Claudia Puyó, Javier Martínez, Alejandro Medina y María Rosa Yorio, entre otros. Allí, Pajarito desplego una docena de shows (algunos en los que no entraba un alfiler) que sirvieron de trampolín para una pequeña gira por Uruguay. Pero el rocker ya se sabía enfermo y tras algunas apariciones más dio su último show en el  festival de La Falda a donde llegó con su novia Alejandra. Una mina mucho más joven que fue su última compañía y quien le seguía el ritmo con las medidas de whisky.

En abril de 2013, luego de luchar contra un cáncer de próstata que no logró aislarlo de los malos hábitos, Pajarito Zaguri voló para siempre a los 72 años. Dos documentales póstumos dejarán inmortalizada su estampa para la posteridad: El Rey Del Rocanrol (2014) de Néstor Alejandro Rodríguez Correa y El Mago de los Vagos (2016) de Pedro Otero. Sin embargo, ambos directores no pudieron zafar a la hora de poner una moneda para el vino, ya que el rocker, que no creía que ese material se fuera a publicar jamás, no dejo pasar la oportunidad para el mangazo. Su bajista y quien nos relata esta anécdota, Daniel Sueldo, fue una pieza fundamental para la realización de esta nota y también  quien viera al músico por última vez con vida. Alberto estaba internado en un lugar inmaculado escuchando una radio Spica y “Tito”, como le decía Zaguri, le dejo un rosario en una breve visita el día antes de su partida.
En una de las partes más sentidas de El Rey Del Rocanrol confesaba que no le quedan cosas pendientes “ya está, ya toque el blues… suficiente”.

Los interrogantes sobre el devenir de nuestros músicos planteados en el principio de la nota quizás no tengan respuestas. Sin embargo, me recuerdan mucho al desprecio que sentía Alberdi por la tradición nacional y al intento de trasplantar la cultura europea que propicio desde su pluma. Un siglo y medio después, los argentinos nos hemos cansado de extender alfombras rojas a grandes músicos extranjeros reservando solo la miseria para los de nuestra propia casa y es por eso que desde Revista SPAM queremos rescatar la bohemia de Pajarito como una parte importante de nuestro  patrimonio nacional para recordarlo como un tipo de a pie que fue parte de una revolución cultural, un militante displicente del blues que abrió una brecha de raigambre popular en un movimiento elitista creado en torno al Instituto Di Tella y un rockero que podía notar si el que cantaba había secado la yerba al sol, porque eso “se nota en el arte”.

Disco de la semana: El reloj, de El reloj.
Canción de la semana: Alguien mas en quien confiar, de El reloj.

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