“El virus como todo, entiende de clases sociales”

"Entrevista a Francisco «Paco» Olveira"

"Entrevista a Francisco «Paco» Olveira"

“El virus como todo, entiende de clases sociales”

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Después de viajar un rato llegamos al barrio Eva Perón ubicado en Libertad, en el límite entre Merlo y La Matanza, una zona donde las casas y los grandes descampados se mezclan en el paisaje. En ese lugar alejado  nos recibe el “Padre Paco” como lo conocen los vecinos del barrio, o mejor dicho de “los barrios” donde le toco predicar los evangelios.

Paco es una de las caras visibles de la corriente llamada “Curas en opción por los pobres”, y en su trabajo se puede ver como sostiene con sus acciones lo que pregona con sus palabras.

¿Cómo es la cuarentena en el barrio?

– La cuarentena en el barrio es una cuarentena barrial. Eso implica que dentro del barrio nos movemos con relativa naturalidad. No hay actividades comunitarias y las pocas actividades donde se puede juntar gente, como por ejemplo cuando se retira el tupper del comedor que nosotros tenemos, ahí las personas van con el barbijo y se intenta tener la distancia social. También tenemos el pequeño centro de salud con voluntarios donde sucede lo mismo, las personas que van a atenderse llevan  barbijo, mantienen la distancia social, usan el alcohol y todo eso.

Al ser este un asentamiento es más fácil vivir la cuarentena, en lo que tiene que ver con que tenemos un patiecito donde podemos salir, dónde podemos respirar.

Lo que planteas es que no se siente tanto el encierro como en…

– Como en la villa.

Usan barbijo donde se junta gente, pero después en general ¿Cómo circulan las personas?

– Si, dentro del barrio algunos lo usan y otros no. Cuando salimos del barrio sí, todo el mundo con su barbijo y cuando uno vuelve en principio toma todas las medidas que  sabe. Las medidas cada uno las hace como puede en su casa,  pero  acá es cuarentena barrial.

En ese sentido te pregunto viendo el contexto actual de excesos de la policía en muchos lugares ¿Como lo están llevando acá?

– Acá no hubo excesos de la policía. Solamente una vez apareció un camión de esta fuerza especial de la bonaerense, un colectivo con 40 monos que paró justo enfrente de una casa que nosotros tenemos para el tema adicciones. Y  nos asustamos mucho.

Estaban haciendo una cuestión de rutina. Yo le dije a uno: “mirá flaco, ¿40 monos bajando todos de un colectivo para una cuestión de rutina?”

La verdad que entre otras cosas uno podría pensar que es un gastadero de dinero al pedo, que pagamos entre todos. Fue la única vez que yo me fui rajando para ver qué pasaba. El jefe del operativo me preguntó por qué no tenía barbijo,  primero le mostré que la mitad de ellos estaban sin tapa boca y dentro de un colectivo. Pero además le dije que yo me reuní con el presidente y “acá la cuarentena es comunitaria”.

Sacando eso, que fue como una muestra de autoritarismo, no volvió a pasar otra cosa.  Creo que vieron que acá no podían hacer lo que les daba la gana y por eso no volvieron más.

¿Cómo está el tema de la situación económica en el barrio?

– Hay que poner en contexto que venimos del infierno macrista. No dio tiempo a salir de ese infierno y llega esto. Gracias a Dios que estamos con Fernández-Fernández y no con ese mafioso, ladrón.

Hay una presencia importante tanto del Estado nacional, como provincial y municipal, pero nada es suficiente. Ni aunque repartiéramos la guita de todos los multimillonarios del país sería suficiente, por decirlo de alguna manera gráfica.

Se está sobrellevando la situación  pero en una economía de subsistencia,  comer y poco más. Y tenes las dos puntas, por un lado la familia que a lo mejor solamente vivía de la asignación universal por hijo. Por ejemplo mi vecina que es viuda tiene 5 hijos, vive de la asignación universal, hoy económicamente está mejor plantada que antes del coronavirus, porque tuvo la doble asignación universal, la tarjeta alimentar, el IFE por dos veces (ahora va a ser la segunda vez) el comedor que está reforzado, la comida que le dan en la escuela. Entonces lo está sobrellevando relativamente bien.

En la otra punta tenés el que vivía día a día en la changa, que si bien también tiene esas ayudas, para él lo principal era lo que ganaba con su trabajo. Ese la está pasando mucho peor, a lo mejor porque  también tenía otro nivel de vida, un nivel un poquito mejor, quizás tenía una motito pero ahora no tiene la plata para ponerle la nafta. Por eso vos empezas a ver en el barrio cosas que no veías hace 60 días, por ejemplo un carrito que vende verdura o que vende maple de huevo. También ves, aunque no tanto acá en el barrio porque es chico y aislado, pero afuera ves mucha gente que se puso comercios, que vende cualquier alimento. ¿Eso qué es? Es que me la tengo que rebuscar con algo, entonces compro 4 bolsas de papa y la vendo fraccionada. ¡El otro día pasó por acá el afilador, hacia un montón de tiempo que no pasaba uno!  

¿La changa, el rebusque se volvió para dentro del barrio?

Empieza a salir gente que a pesar de la cuarentena dice “me la juego, me la tengo que jugar”.

¿La cuarentena se empieza a romper de a poco para poder sumar un manguito más a la casa?

– ¡Claro! Al tipo le sale una changa de albañilería a 20 cuadras y se va. Él no quería ir, pero no le queda ya más remedio. Entonces empieza a emerger esta economía de subsistencia que está fuera de los permisos, pero que no es porque son anti cuarentena, lo hacen porque no les queda más remedio.

¿Y en ese caso que percibís vos en relación al conflicto social? ¿Puede ir en aumento? ¿Esto de la economía de subsistencia, de por lo menos tener para comer por ahora sostiene cierta calma?

– Yo veo eso que vos estás diciendo ahora. Lamentablemente los pobres están acostumbrado a subsistir mucho más que la clase media y que la clase media baja. No ves brotes de bronca contra el gobierno, ni ganas de romper nada, ni de salir a la calle, ni ninguna cosa de esa. Porque la verdad es que creo que nos sentimos contenidos y cuidados por el estado.

Nos  cansa la cuarentena como a todo el mundo, pero es una cuarentena relativamente llevable por las condiciones del barrio, donde cada uno tiene su terrenito.

Los chicos no van a la escuela y  ese sí es un tema. La brecha tecnológica se nota descaradamente en este tiempo. Los maestros mandan un montón de tarea para lo cual tenés que mínimo tener una computadora, una impresora y wifi. La gente tiene un celular hecho mierda y no tiene dinero para ir a una fotocopiadora a imprimir 6 millones de trabajos. A veces me parece que los maestros viven en la luna de Valencia, pierden un poco la noción. Hacen cosas que estarán bien para la clase media y la clase alta pero para los más pobres es absolutamente imposible.

Nosotros entendemos que la pandemia nos pone no sólo frente a estos conflictos económicos y sociales, sino que también nos pone en muchas ocasiones frente a dilemas éticos. Por ejemplo los que plantea la idea de la “inmunización del rebaño”. Pedirle al Estado que adopte medidas donde mueran los que tengan que morir y el resto seguirá. ¿Eso que opinión te merece?

– Eso lo puede decir el que está bien comido, el que tiene una buena prepaga y el que tiene una posición económica como Dios manda. Porque el virus como todo, entiende de clases sociales, entiende de barrios y entiende que si el pibe está bien comido o está mal comido, o si tiene un montón de enfermedades previas producto tantas veces de la vida que llevó o no las tiene. Además me parece que eso es el sálvese quien pueda y yo creo lo que dice el Papa Francisco que nadie se salva solo. Creo eso pero al mismo tiempo hay muchos que se salvan sólos. Susana Giménez se tomó un avión y se fue a Uruguay y le importó un carajo los demás. Cuando le preguntaron ella dijo “lo que pasa que el mundo es así desde que es mundo”. Justamente al tipo que yo sigo lo asesinaron (porque no es que se subió solo a una cruz), por decir que este mundo tiene que ser de otra manera. La  teoría del rebaño es muy linda mientras le toque al otro, mientras se muera el otro. ¿Que se mueran los feos, no? Claramente no creo en la teoría del descarte.

Por un lado decías que nadie se salva sólo y por otro el propio aislamiento social que requiere este virus implica que nos separemos, incluso en muchos casos hasta de nuestras familias. ¿Es posible construir una sociedad más solidaria en ese contexto?

– Creo que la pandemia saca lo mejor y lo peor de cada uno. Por un lado está el multimillonario que no quiere que le toquen ni un centavo de su dinero por una sola vez para poder bancar un poco los efectos de la pandemia. Por otro lado tenés los pobres en nuestros barrios que arman una olla popular en cada esquina. Sin recursos,  a lo mejor le dura una semana pues no pueden mantenerla, pero tienen la intención.  Tenés un montón de iniciativas de la clase media que se están rascando el bolsillo para transferirme a mí, a la garganta poderosa, a la villa 31 o al que sea. Tenés los  que hacen un grupo y juntan alimentos, artículos de limpieza o lo que se necesite en tal o cual lugar.

La verdad es que eso se está dando a dos manos. Pero que después de la pandemia este mundo va a ser un lugar maravilloso porque hemos aprendido la lección, no me la creo. Entonces lo que tiene que haber son leyes y un estado que esté presente, que obligue a redistribuir y que impida una serie de cosas. Que impida que por ejemplo haya 100 tipos en Argentina que sean fugadores seriales, que para colmo lo hicieron todo legalmente porque se lo permitió el neoliberalismo. El macrismo les permitió a ellos que ganaran un montón de dinero, que compraran dólares y se llevarán los dólares fuera del país; y ahora vos y yo tenemos que pagar la deuda externa. Creo que las cosas se consiguen con la lucha, con la pelea y con políticas de estado en donde se impidan una serie de cosas y se reparta lo que es de todas y todos.

En contraposición a la idea de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Crees que esto del virus puede traer aparejado el ver al otro como una amenaza?

– Este virus lo trajeron los que pudieron viajar. No creo que sea un pecado viajar al extranjero, pero lo trajo la clase que pudo viajar y parece que ahora el miedo está a los pobres de las villas de emergencia porque ellos son los que nos van a contagiar a todos. Frente a lo desconocido muchas veces tenemos mucho miedo. Aparece un caso en cualquier lado y en vez de decir ese es mi hermano que está enfermo, voy a ver cómo le ayudo, si le llevó alimentos o lo que necesite, en lugar de eso está quien graba y empieza todo un circo que estigmatiza: “¡ay! vino la ambulancia, fulanito está infectado…” Así terminás viendo al otro como alguien que te puede contagiar, que te puede enfermar. Ahí yo pienso en Jesús, el leproso en la época de Jesús tenía que ir tocando la campanita y gritando “leproso leproso” y la gente no podía acercarse a él. Estaba fuera de la sociedad, tanto de la sociedad humana  como de la sociedad divina porque encima además él era un tipo impuro. Estaba condenado también desde los ojos de Dios. La actitud de Jesús fue acercarse al leproso y curarlo. ¿Pero cómo lo cura? Tocándolo, abrazándolo, diciendo “vos hermano no sos un descarte la sociedad, vos sos mi hermano, vos sos mi hermana”. Lo cura volviéndolo a incorporar a la sociedad. El otro día me preguntaban ¿Qué haría Jesús hoy en medio la pandemia? ¡Hablaría poco y haría mucho! 

Estaría armando comedores, estaría llevando el alimento al contagiado de coronavirus etc.

¿Ese es el lugar que crees que debe tener la fe en estos momentos de crisis?

– En estos momentos  y siempre porque es lo que te muestra el evangelio. El evangelio dice Jesús pone de ejemplo a un Samaritano. El Samaritano era un hereje, era un ateo,  no formaba parte del pueblo de Dios. Jesús lo pone de ejemplo porque había un hombre tirado a la vera del camino hecho bolsa, pasó un sacerdote y no le dio bola. No le dio bola porque si lo tocaba se volvía impuro, porque tenía sangre. El sacerdote puso delante del amor al hermano la ley que decía no se toca al impuro. Luego pasó un Monaguillo e hizo lo mismo. Después pasó el Samaritano que fue el que se arrodilla delante del hombre, lo cura y pone su dinero para terminar de salvarlo. Ese es el mensaje de Jesús. Jesús no dice “ven bendito de mi padre porque vas todos los domingos a misa”,  dice “ven bendito de mi padre porque tuve hambre y me diste de comer, estuve sin casa y me diste un lugar, estuve enfermo y me cuidaste”. Ese es el evangelio.

¿Cómo ves los conflictos internos del Papa Francisco? Por ejemplo esto que sucedió hace un tiempo, que fanáticos tiraron al río las estatuillas de la pachamama que le habían regalado al Papa. ¿Qué opinión te merece?

– El sector conservador de la iglesia católica es grande y poderoso. Los fanatismos  están en todos lados, entonces cualquier mínima apertura provoca una reacción. Por eso yo me siento mucho más cerca a muchos ateos que de muchos Católicos.

A Francisco se le hace mucha contra desde adentro y desde fuera de la iglesia. No hay tampoco reformas estructurales dentro de la iglesia. Alguna si, pero no muchas. Veremos que es lo que viene después de Francisco.

¿Qué opinión te merece  el avance de las iglesias evangelistas y  pentecostales  en los barrios populares? ¿Crees que pierde terreno la Iglesia Católica?

– Es un tema realmente muy complejo donde hay muchísimas aristas. Claramente hay una que tiene que ver con la imposición de Estados Unidos en América Latina. Esto no es de ahora, es de los años sesenta. Cuando teníamos una iglesia liberadora desde el poder dijeron: “metamos estas otras para dividir a la gente”. Vos fanatizas a la gente y ya no tenés posibilidades  de ningún diálogo, ni de trabajar en conjunto. Por otra parte también está claro que tenemos una iglesia que se apartó de los sectores populares. Además las iglesias evangélicas tienen una liturgia mucho más  popular que la nuestra que es muy  reglada, aunque yo no podría andar a los gritos en un altar.

Son  muchos  factores complejos, no es algo unívoco  y también es cierto que una cosa son los pastores, muchos de ellos con un discurso moralista anti género, anti derechos sexuales y reproductivos terminan siendo antipopulares, anti pueblo. Otra cosa es la gente, el evangélico. Por ejemplo,  la coordinadora de nuestro comedor es de una iglesia evangelista y es activa participante, sin embargo es parte importante de nuestro  espacio que es  católico, tiene el nombre San Cayetano y atiende  absolutamente a todo el mundo. Ella me respeta como sacerdote y trabajamos en conjunto, laburamos re bien. Yo a veces le tiro algunas chicanas tales como si vamos a vender alcohol en gel bendecido, es algo que ella también  le critica al pastor que hizo eso…no me acuerdo el nombre

El pastor Giménez…

– Estas iglesias tienen mucho dinero que no sólo viene de Estados Unidos sino del que le sacan a la gente, todo pasa por el diezmo, algunos hablan del tridiezmo. Algunos pastores en otros países  prometían evitar el contagio de coronavirus a cambio del diezmo.

Estaba pensando en la conferencia de Medellín de 1968, donde lo que se dice básicamente es que la  iglesia no puede ser capitalista. ¿Vos pensás que las  iglesias evangelistas funcionan como una empresa multinacional de la fe en convivencia con el sujeto neoliberal?

– Son una empresa multinacional, es así. Es todo un discurso de que si entras acá Dios te va bendecir, te va a solucionar la vida, vas a tener prosperidad y la realidad es distinta. Algunos tienen ese discurso y sin embargo se están cagando de hambre y termina siendo una resignación.

Lo que más se está viendo en la tele es una novela sobre Jesús,  que claramente es muy distinto al Jesús en el que yo creo, pero es más fácil tener ese Jesús que me cuida, que me salvó por su sangre que un Jesús que me dice: “Flaco ponete las pilas y seguíme…”porque ese terminó en una cruz asesinado por un sistema. Entonces en el mundo de los más pobres que te den una palmada en la espalda también sana.

Nosotros durante mucho tiempo abandonamos el mundo de los pobres, fueron muchos años de Juan Pablo II y Benedicto XVI con un discurso muy conservador y terminas pagando las consecuencias.

¿Qué lectura tenés sobre la cúpula de la iglesia al proclamar Papa a alguien como Francisco?

– No sabían ni quién era. La iglesia va perdiendo terreno en Europa  y en ese contexto Francisco propuso un discurso donde decía que había que salir al exterior, que la iglesia no podía quedarse encerrada en sí misma. Estaban viendo que solo estaban llegando a las viejas europeas, a señoras mayores de edad. Convengamos que  Bergoglio no es Francisco. Es un hombre político  que siempre tuvo claro estar al lado de la gente, es muy inteligente.

Vos sos del grupo de curas en opción por los pobres. ¿Cuál es la diferencia con los curas villeros?

– Hay una diferencia importante, no estamos peleados ni nada pero si claramente nosotros tenemos posiciones más públicas y no somos el brazo institucional de la iglesia católica en medio de los pobres. Los curas villeros hablan en contra de la legalización del aborto y en contra de  las drogas. Después hacen un trabajo excepcional, laburan a dos manos. Son bastante oficialistas, nosotros nos enfrentamos claramente al macrismo. Anoche me enteré que soy uno de los investigados por el macrismo.  Estoy en el listado ese,  pero también está Pepe Di Paola de los curas villeros.

¿Los curas villeros tienen una posición más oficial y ustedes más critica de las cosas?

– Somos mucho más críticos, dimos mucha lucha contra el macrismo pero no por una ideología política sino por ideología del evangelio, no se puede ser cristiano y neoliberal, votar a Macri es pecado. Nosotros dijimos esas cosas, y por eso después nos dicen que somos curas Kirchneristas… bueno, podemos ser curas Kirchneristas o lo que sea.

“Si doy pan a un pobre, me llaman santo. Si  pregunto por qué no tienen pan, me llaman comunista“. Así empezó el manifiesto de los sacerdotes del tercer mundo, los curas villeros de las anteriores generaciones eran curas de esa linea, por lo tanto eran curas en opción por los pobres.

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