"¿Es lícito copiar el genio de un artista?"

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Música e Inteligencia Artificial

"¿Es lícito copiar el genio de un artista?"

Música e Inteligencia Artificial

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Durante varios milenios la música y las técnicas que la hacen posible cambiaron lentamente al compás de las innovaciones tecnologías. Pero en las últimas dos décadas la digitalización del proceso y la introducción de la inteligencia artificial han transformado las cosas radicalmente y prometen llevarlas mucho más lejos.

La primera partitura de la que tenemos noticias data de hace 3400 años y fue compuesta en lo que hoy conocemos como Siria. Si bien no ignoramos su interpretación correcta, podemos decir que la intensión de tocar piezas musicales sin alteraciones tiene como mínimo más de tres milenios.

Posteriormente, la historia de la música transcurrió con cambios importantes en los sistemas de cifrado pero las técnicas de composición se mantuvieron en el tiempo. Durante algunos milenios, los músicos crearon un sinfín de piezas imaginando las melodías y traspasándolas a la arcilla, el pergamino o el papel. Algunos optaron por componer a partir de la ejecución de sus instrumentos y otros se encargaron de recopilar material tradicional y anónimo durante la edad media.

En el renacimiento surgieron algunos instrumentos mecánicos, pero los cambios importantes vinieron de la mano de la industrialización. Los amplificadores y los instrumentos eléctricos aparecieron en la década del 30′ y no se popularizaron hasta los 50′. Ya en 1935, Laurens Hammond había creado un teclado electrónico que pretendía reemplazar a los monumentales órganos de tubos de las iglesias. La verdadera explosión de esta tecnología llegaría recién en la década de los 80′, pero antes, en 1958, algunos ingenieros de IBM diseñaron la IBM7094 que consiguió cantar Daisy Bell de Harry Dacre, convirtiéndola en la primera canción reproducida por una computadora.

Aunque, en 1998, Gorillaz decidió plasmar su música con instrumentos electrónicos, abusar del loop y dejar en manos de unos dibujos animados la representación de sus conciertos, las técnicas de composición siguieron enfrentando a mujeres y hombres con los límites de su ingenio, pero todo estaba a punto de cambiar.

Hatsune Miku, es un software japonés que en 2007 comenzó emulando la voz humana para luego evolucionar hacia la composición musical,  permitiendo que los usuarios crearan nuevas melodías a partir de la introducción de algunos parámetros. La cosa se puso verdaderamente turbia cuando, este Robocop de la lírica, adoptó una forma cuasi humana para convertirse en la primer artista virtual del mundo. Si bien su apariencia es la de un dibujo animado que recuerda a las protagonistas de Sailor Moon, su impacto cultural ha contribuido a cambiar la forma en la que experimentamos la música. Sus giras por Japón y su inminente desembarco en Europa suponen una gran ventaja para los productores puesto que su holograma no se cansa, su voz no se fatiga y los excelentes músicos que la acompañan pueden ser reemplazados por sesionistas cuando se les dé la gana. Detrás de la cantante virtual esta nada menos que Yamaha.

Sin ir más lejos, la propuesta es bastante similar a la ensayada por los Fundamentalistas del aire acondicionado en marzo pasado, cuando plantaron a un Indio Solari holográfico en el escenario del Malvinas Argentinas, o a lo mostrado en la última gira de Soda Stereo, que cuenta con la virtual participación de Gustavo Cerati.

A raíz del éxito japonés, diversas empresas comenzaron a interesarse en las ventajas de la Inteligencia Artificial (IA). FlowMachines es el nombre del proyecto de los laboratorios de ciencia computacional de Sony París que busca producir nuevas piezas musicales a partir del estudio profundo de los artistas por una IA. El software recopila las composiciones hechas por un autor, en este caso Bach, encuentra los patrones que caracterizan su estilo y los sintetiza para conformar un patrón, o algoritmo, capaz de concebir melodías nuevas. Aunque DeepBach aún tiene limitaciones, como la corta duración de las piezas creadas, ha sometido sus resultados a la opinión del público en una encuesta online que logro confundir al 50% de la audiencia.

FlowMachines, también ha desarrollado una nueva canción de The Beatles llamada “Daddy’s car” y con ello viene a plantearnos la posibilidad de disfrutar nuevas composiciones de nuestros artistas fallecidos. Aunque la situación no dista tanto de la controversia que se tejió hace solo tres años cuando la banda Greta Van Fleet lanzó 8 increíbles canciones que emulaban el impulso creativo de Jimmy Page y compañía. ¿Queremos nuevas (falsas) canciones de nuestros ídolos o es preferible no ensuciar su legado?

En la misma dirección IBM lanzó Watson Beat. Un proyecto iniciado en 2016 que se basó en el análisis de millones de canciones y que dio como resultado la canción “Not Easy” de Alex Da Kid. Pero el fin original de la programación es guiar a los artistas en el proceso compositivo y aportarles ideas ante el estancamiento creativo. A la par de esta iniciativa, una aplicación denominada Jukedeck permite crear canciones por el módico precio de un dólar y es utilizada por una gran cantidad de youtubers, publicistas y corporaciones como Coca-cola y Google.

En 2017, la cantante Taryn Southern compuso “I am AI” (soy inteligencia artificial) el primer disco pop hecho íntegramente con la ayuda del programa Amper y, aunque la producción sonora no tiene mucho que envidiarle a los grandes del género como Garrix, Guetta o Lady Gaga, todavía se encuentra muy por debajo de ese nivel de composición y producción.

Hasta el momento las IA han sido utilizadas mayormente para componer canciones de artistas desaparecidos o falsas canciones de grupos vigentes como “Smother”, la nueva canción de Nirvana hecha con pedazos de otras, y “I Don’t Want to Be There”, el falso track de The Strokes que hizo el grupo de programadores Botnik. Esto nos pone ante una pregunta un tanto más filosófica: ¿Es lícito copiar el genio de un artista? ¿No es eso lo que comúnmente llamamos plagio? Y por último, ¿Quién puede asegurarnos que Lennon y Bach no andan por ahí revolcándose en sus tumbas?
Lo que asusta es pensar que, a diferencia del plagio, en este caso la copia se efectúa en un nivel superior al de la obra y lo que se intenta plagiar en realidad es la forma en que una persona racionaliza y experimenta la música. Si bien esto no es nada que Sandro no haya intentado hacer con Elvis, queda claro que nada nuevo podrá existir sino un recauchutaje frankesteniano de lo que el artista ya ha expresado.

Quienes han tenido acceso a estos programas cuentan que todo lo que se debe hacer es introducir algunos parámetros y sentarse a esperar que la maquina entregue los sonidos de batería, teclados y bajo. Luego resta grabar algunas guitarras, las voces y voilà ¡Es hora de “primeriar” a la maquina antes de que registre las canciones! Pero ¿Cuál será el curso que tomaran las licencias por derechos de autor cuando el trabajo intelectual lo realice una maquina? La legislación aún no existe, pero si la maquinaria corporativa de Sony, Universal o Apple toma el control de las obras producidas por computadora podemos aventurarnos a imaginar el comienzo de un negocio que se desprende definitivamente de la participación del músico enajenando al arte del artista, lo cual es un oxímoron.

La cuestión va mas alla y trasciende a la industria, porque la música es sencillamente mucho más que eso. Como cualquier expresión artística tiene funciones sociales que aportan, por ejemplo, patrones de diferenciación social y de pertenencia ¿Podrán organizarse tribus, como la ricotera, en torno a bandas virtuales? ¿Haremos pogo ante una computadora? o ¿Esperaremos a que se le pase la borrachera para que pueda salir a escena? Todo es programable..

No es preciso plantear interrogantes tan lejanos, la inserción de inteligencia artificial en nuestras formas de consumo viene campeando desde hace tiempo. Programas de IA ya comandan funciones como la masterización y la creación de playlists. Vemos el aprendizaje por IA en productos como YouTube,  Deezer o Spotify que adaptan la reproducción de canciones a nuestros gustos. Estos no son más que recolectores de big data que en breve estarán prediciendo el éxito de una canción con solo analizarla, como si el oyente pudiese saber lo que le gusta antes de escucharlo.

Algunos artistas también utilizan chatbots o aplicaciones robóticas que simulan ser ellos en las redes a la hora de establecer contacto con sus fans. Sin ir más lejos Facebook selecciona a las personas propensas a incurrir en algún tipo de consumo y las bombardea con publicidad.
En el ínterin, las disqueras han pasado los últimos 30 años dejando de lado el diseño de las bandas o “productos” para pasar al diseño de los consumidores. La estrategia radica en atormentar a los oyentes con la repitencia de ciertos géneros y canciones a través de los medios masivos hasta que disfruten lo que escuchan. Como dijo Ricardo Mollo:

Hay algo que se llama alta rotación, te ponen un tema en la radio todo el día y lo terminas tarareando. Con las noticias pasa igual

La computadora que ha superado al ajedrecista hace ya varios años, tendrá que superar ciertas salvaguardas antes de hacer lo propio con los compositores. Por un lado, las máquinas están aún lejos de entender los sentimientos y los contextos sociales que dan forma a las expresiones artísticas y, por el otro, las corporaciones que son quienes más posibilidades tienen de hacerse con estas herramientas, son poco entusiastas a la hora de difundir mensajes que atenten contra el monopolio y el corporativismo que las sustenta. Lo que puede llegar a definir la cuestión es si la inserción de la tecnología se realiza desde abajo o desde arriba, es decir: Si las corporaciones concentran la tecnología es probable que veamos un marco artístico desfigurado por la codicia de los accionistas, pero si estas empresas deciden comercializar los programas, es probable que experimentemos una suerte de simbiosis entre el intelecto humano y las IA que hará difusa la distinción. La dicotomía Pappo / Dj Dero parece estar más viva que nunca.

Al día de hoy los compositores cuenta con la capacidad de abarrotar las listas durante milenios. Lo que realmente está definiendo el curso de los consumos es la voluntad de los dueños de los medios masivos de comunicación. Tal vez sea el momento de volver un poco a la filosofía para indagar ¿Qué es el arte? ¿Qué es la estética? y ¿Cómo concebimos nuestros gustos? Es hora de preguntarnos si queremos canciones “perfectas” que alcancen melodías nuevas para entretenernos, lo cual es totalmente lícito, o si deseamos prestarnos a la tarea humana de interpretar el arte, que es por definición, contrario a la máquina.

Disco de la semana: Superficies de Placer, de Virus.
Canción de la semana: Encuentro en el Rio, de Virus.

Cita Obligada:

#HASHTAGS: bach | beatles | composicion | dj | gaga | garrix

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