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La Arqueología y la Memoria

La Arqueología y la Memoria

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¿Quién no ha pasado mil veces por una plaza o esquina de esas de encrucijada, donde hay una plazoleta de cemento, y ha visto un monumento, pero ignora a quién está dedicado?. Algunos son estatuas ecuestres con una figura masculina que suele vestir de uniforme. Otros son figuras pedestres, señalando al horizonte o con un libro en la mano. Estos suelen ser monumentos en recuerdo de algún personaje célebre de la historia más grande, la de la nación o la Patria Grande. Pero para recordar a la figura local o bien a les invisibilizades de la historia tenemos más problemas. Se erigen figuras alegóricas, como el monumento a los Héroes de la Independencia, en Humahuaca, Jujuy. A este se lo conoce como “El Monumento al Indio” por su figura principal. En cuanto al estilo, se lo denomina “modernista indigenista”. Sabemos que el “indigenismo” a diferencia del “indianismo”, es la posición de dictar políticas para los indios pero sin los indios. Saquemos entonces conclusiones.

El asunto es que tratando de estimular la memoria de les paseantes, el efecto logrado es en general, el opuesto. A veces viene en auxilio del monumento, el nombre de la plaza, que homenajea al mismo personaje. Pero la pregunta por las marcas de la memoria está abierta y no es nueva. ¿Por qué ocurre esto? ¿De qué manera hacer visible esa ausencia? Esta cosificación que inmoviliza a alguien o a un momento, ¿sirve para comunicar la dinámica de los procesos históricos? ¿O está más al servicio de un plan de Historia Oficial y sus recortes y preferencias? Acaso no sabemos que los monumentos dicen cosas distintas en cada momento de la historia…

Puede ser que sean múltiples las reflexiones que estimulen estas preguntas, pero hay algo que puede servir para ir pensando. El proceso de naturalización del paisaje. Los humanos nos habituamos a componer la imagen que siempre hemos visto, como “lo dado”. Es parte del paisaje urbano. Siempre ha estado allí. No me interrogo acerca de ello. En la Alemania de la posguerra se preguntaron cómo tratar la memoria del mal llamado “holocausto”. Se debatió mucho sobre las marcas de la memoria y el espacio urbano.

Veamos un caso. En el pueblo de Kassel, la plaza municipal tenía una muy bella fuente hecha en 1908, estanque y torre neogótica hecha por Karl Roth y financiada por el empresario judío Aschrott que la donó en agradecimiento a la ciudad. El 8 y 9 de abril del ´39 fue destruida por los nazis por considerarla “Fuente de los judíos”. Dos años más tarde 463 judios de Kassel fueron deportados a Riga. Desde el ‘43 los vecinos la apodaron “La Tumba de Aschrott”. En la década del ´60 el gobierno se propuso reconstruir la fuente. Los vecinos de entonces creían recordar que había sido destruida por los bombardeos de los ingleses. Fue convocado el arquitecto Horst Hoheisel. Este artista temía que la reconstrucción sirviera para olvidar lo que realmente había pasado allí. Se propuso entonces hacer un monumento en “forma negativa”. El espacio negativo debía excitar la memoria o la curiosidad. Una placa recordaba lo ocurrido, un curso de agua a los pies del visitante y un pozo profundo. La fuente hundida deja a los visitantes parados frente al recuerdo.

En la quinta Seré, en Castelar, al oeste del Gran Buenos Aires, hubo en tiempos del Terrorismo de Estado, un Centro Clandestino de Detención, a la vista de todes. Era una gran casona de fines del siglo XIX  rodeada de un gran parque, que desde los ’60 había sido donada a la Fuerza Aérea para Casino de Oficiales, y que operaba articulada con la VII Brigada Aerea de Morón. Ese centro tuvo su mayor actividad entre 1976 y 1977, pero a partir de la famosa fuga del 24 de marzo de 1978 fue desafectado como centro de detención, dinamitado y abandonado luego. El largometraje “Crónica de una Fuga” sobre el libro “Pase Libre” de Claudio Tamburrini y el excelente documental “Seré Memoria” de Christian Gil amplían la mirada sobre este tema.

Jaime y Sara Steimberg y Alicia Martínez.

Desde la asunción de García Silva como intendente de la era alfonsinista, el predio comenzó a funcionar, por comodato con la Ciudad de Buenos Aires, como polideportivo previa demolición de lo que quedaba de la casona. Es el 1 de julio de 2000 cuando por iniciativa del intendente Sabbatella, un conjunto de vecinos se constituyeron en Asociación Seré por la memoria y la Vida, un organismo de DDHH presidido por Jaime Steinberg, padre de Luis, un conscripto y estudiante de derecho desaparecido y arrojado en un Vuelo de la Muerte al Río de la Plata. Esta asociación empezó a funcionar en la Casa de la Memoria, construcción de la época de la intendencia de Roussellot, y usada en esos años con fines privados. Este organismo se propuso entonces presentar un proyecto de recuperación de estructuras de la antigua casa Seré, sobre las cuales no había obra efectuada. Con acuerdo con el municipio y un grupo de arqueólogues de la UBA, se comenzó la tarea de recuperar cimientos, sótano y otras estructuras, y marcar senderos explicativos para que el lugar siguiera siendo un polideportivo pero no se ignorase lo ocurrido allí. La obra pasó por diversas etapas, al principio a cielo descubierto, con la lluvia y los pelotazos de los que jugaban en canchas vecinas, las estructuras se veían expuestas y en riesgo de ser destruidas. Una vez cerrado con tinglado y laterales, se pudo preservar la excavación, pero al tiempo empezó a pasar inadvertida, como un espacio donde no se jugaba ningún deporte. Un hoyo en la tierra para representar la ausencia, la tortura, la muerte. Una colección de objetos para recordar una época. La arqueología propone otra búsqueda: la necesaria al interior de quien mira y no ve.

El predio fue llenándose de otras marcas de la memoria. Esculturas, carteles, senderos, bancos que permiten el descanso una vez recorrido el camino. Las actividades de la Casa de la Memoria, sobre todo en el período de los intendentes de Nuevo Encuentro, han tratado de reactivar la memoria en un lugar como los que no abundan en nuestro país.Es necesario recordar estos hechos, no sea cosa que alguien le llame “dictadura” a un gobierno democrático y constitucional que declara una cuarentena para cuidarle la salud

¿Es la memoria colectiva recuperada a partir de estos intentos? Es necesaria la voluntad de conocer, de acercarse al horror. No es fácil, pero si desde los espacios de la primera socialización, la familia y la escuela, no se estimula, poco pueden hacer los monumentos, los memoriales, los actos recordatorios. Pronto son puestos en el lugar de la naturalización, son parte del paisaje con el que el/la transeúnte se tropieza, y tiene que esquivar.

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