"Crónica de una banda fundamental"

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Miguel y Los Abuelos

"Crónica de una banda fundamental"

Miguel y Los Abuelos

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Con la nueva década Miguel Abuelo retorna de Europa para materializar un proyecto que hace tiempo existe en su cabeza. Con una ráfaga certera de discos editados en tan solo un puñado de años, Los Abuelos de la Nada dejarán una huella indeleble en el rock nacional y un mensaje que llega sin escalas hasta nuestros días.

La situación política argentina se empezaba a aclarar para 1981, la dictadura menguaba entre protestas y, aunque todavía tenía balas en el F.A.L., lo que vendría sería una guerra absurda que alejaría a nuestro país de la posibilidad real y diplomática de recuperar nuestras islas, al menos en en el mediano plazo. En ese contexto Miguel Abuelo decide volver a su país. El plan esconde la determinación de torcerle el brazo a la tristeza, que es en la lectura del artista, el mal que aqueja a nuestra sociedad. “He venido a poner de nuevo en marcha a la fanfarria!” cantaba desde el demo de “Buen Dia, Dia”. Así lo aseguraba también en entrevistas radiales con plena conciencia de estar viviendo una “nueva etapa”.

Trae debajo del brazo una veintena de canciones, tiene planes para dos discos solistas, además del disco con Los Abuelos, y una importante colección de poemas que pergeña reunir con la prosa de Spinetta, Grimberg y Lernoud para editar un folletín.

A poco de su llegada formó parte del Ring Club, un colectivo artístico comandado por Daniel Melingo que tomó forma de teatro musical y supo reunir a artistas de todos los colores como Las Bay Biscuits de Fabiana Cantilo, Los abuelos de la Nada y termino constituyendo el germen de lo que sería Los Twist.

Al llegar al país quedo impresionado por la potencia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y por la sensibilidad contenida en la obra Miguel Cantilo, pero también se mostraba critico manifestando que al país le faltaba poesía.

La primera de las tres alineaciones que tendría de ahora en más la banda, es prueba de los buenos contactos que Cachorro Lopez y Miguel Abuelo había sabido cultivar. Luego de la negativa de Alejandro Lerner a sumarse al proyecto, el tecladista recomendó a un joven prodigio que pintaba bien y rápidamente Andrés Calamaro se unió a la banda. Gustavo Bazterrica se incorporó algunos años después de la disolución de La máquina de Hacer Pájaros, Daniel Melingo se hizo cargo del saxo y el Polo Corbella se ocupó de la batería, paralelamente ambos irían diseñando un proyecto que se daría a conocer como Los Twist.

En lo instrumental fueron un grupo muy diverso influenciado por los sonidos de la época. Las guitarras por momentos glam, al estilo Van Halen, se acoplan extrañamente bien a un bajo que toma elementos del reggae, un sintetizador que pone rumbo hacia el pop ochentoso y una batería que nunca pierde oportunidad para arrimarse al rockabilly. A todo aquello se suman los inspirados arreglos de Melingo en cuanto instrumento le pongan a la mano. Por lo demás,  Abuelo es un artista atemporal que toma los sonidos de turno para proyectar su mensaje en la posteridad y su voz exhala un falsete que lo hace único.

Los Abuelos en vivo en el teatro Opera (1985)

Los abuelos es una banda de colores radiantes con un mensaje de amor inmenso, con canciones que no siempre llegan a la gloria como “Himno de mi corazón” pero que siempre hacen el intento de apuntar a las estrellas. En ese compendio de naturalezas distintas encontramos pasajes de radioteatro en “Capitán calavera”, hits radiales que generalmente llegan de la mano de Calamaro y pinceladas de poesía que no son más que la aguda mirada de Miguel posada en las pequeñas cosas de la vida. 

Los temas abarcan cuestiones que van desde lo mundano hasta lo más controvertido, tocando las fibras de lo religioso, lo político y lo social. A veces, cuando las canciones parecen más inocentes, las letras contienen brutales locuciones de realidad y la dicotomía burlona de hacer melodías alegres con letras tremendamente profundas y desgarradas no es más que otra de las formas que encontraba Miguel para burlarse de la vida y de la tristeza.

Nuestra cabeza, a veces barroca, ha tendido a ligar la belleza con la complejidad pero Abuelo deliberadamente se encarga de desandar ese camino. Nunca nadie antes había dado un mensaje tan simple y tan fastuoso. Su manejo de la ironía y de la estupidez musical como burla al autoritarismo recuerda al ingenio de Los Twist en una lógica bien conocida y ensayada por toda una generación de rockeros que habían visto su pluma presa de las decisiones del cónfer, pero Abuelo no solo traspasa esa barrera sino que lo lleva a otro nivel que no por adelantado es más complejo o temerario. Sus sentencias se convierten en máximas en “Yo soy tu bandera” y  un Miguel reflexivo apunta “quien no te comprende te vulnera” en referencia a la libertad. Él mismo va dejando las migas a lo largo de la obra para que el oyente atento las recoja y se alimente. La felicitación al oído entrenado llega finalmente con “Región Dura”, pero ahora en un tono más serio y melancólico: “amo al lector que entre líneas espía al juglar”.

Sin dejar de lado el funky y la determinación por hacernos bailar, el grupo cumple con el principio que afirma que los discos de estudio de una banda son el manifiesto donde el artista deja testimonio de lo vivido.

A fines de 1982, el disco homónimo de la banda ve la luz con la producción estelar de Charly García, pero la áspera relación entre el productor y el cantante empantanará el trabajo para terminar dando por tierra con aquel vínculo. La banda tomará impulso a partir del éxito radial de “Sin Gamulan” y las sucesivas presentaciones teloneando a Garcia. Inmediatamente después de algunos conciertos, los integrantes comienzan los preparativos para lo que será el mejor disco de la banda. “Vasos y besos” aparece dos semanas antes de la navidad de 1983 y comienza con la letra mas que sugerente de “No se desesperen”.

Los Abuelos de la Nada
Daniel Melingo, Polo Corbella, Andrés Calamaro, Cachorro López, Miguel Abuelo y Gustavo Bazterrica, la formación más popular de Los Abuelos de la Nada.

Luego de la derrota en Malvinas, la dictadura esta liquidada pero también consumando esta su plan de destrucción nacional. El mensaje de la banda es cristalino: “ninguna bala parará este tren”. El hit infaltable llegara otra vez de la mano de Calamaro y por partida doble (Mil horas y Así es el calor). La fórmula Cachorro López en música y Miguel Abuelo en letras será la base de la obra de Los Abuelos y a esa dinámica se sumarán las contribuciones no menos importantes de Andrés Calamaro, Gustavo Bazterrica y Daniel Melingo oportunamente. Es la consagración de Los Abuelos de la Nada, es también el comienzo de una prolífica carrera de Cachorro López como uno de los productores musicales más importantes de Latinoamérica, pero lo extraño del disco es que al día de hoy no figure en las plataformas digitales.

Paralelamente, y en medio del éxito de la banda, Miguel se haría lugar para poner su ingenio al servicio de un disco en solitario que arribaría a las bateas en 1984 y en el que participaría además de sus compañeros de banda su hijo, Claudio Gabis, Piero, Fito y casi 20 músicos más. Ese mismo año Andrés Calamaro se tomaría una licencia para editar “Hotel Calamaro” y al año siguiente “Vida Cruel”.

9 meses después de Vasos y besos llega el álbum “Himno de mi corazón” ya sin la participación de Daniel Melingo que decide dedicarse en profundidad a Los Twist y es reemplazado por Alfredo Desiata. El disco grabado en Ibiza contiene el hit “Lunes por la madrugada” que correrá a cargo de López, quien también pondrá la música a disposición de la poesía de Abuelo en la cancion “Himno de mi corazón”, una de las más bellas del rock argentino. Aquella hipócrita comuna española le entregaría la llave de la ciudad al personaje que 5 años antes había sido encarcelado por robo y por indocumentado.

Meses después, ya en 1985, Bazterrica deja la banda por diferencias artísticas y es reemplazado por Gringui Herrera para encarar los recitales en el teatro Opera que quedaran inmortalizados en la placa en vivo “Los Abuelos de la Nada en el Ópera”. Las nuevas canciones “Zig-Zag” y “Costumbres argentinas” registradas en vivo serán éxito y corte de difusión.

De allí en más las cosas se ponen un tanto complicadas. Es bien conocida la foto de Miguel herido en el pómulo derecho tras sufrir un botellazo en el marco del Festival Rock & Pop que tuvo lugar en Vélez Sarsfield.
Un año de intensas presentaciones seria coronado con el premio Konex a la mejor banda de rock y terminaría con el alejamiento de Andrés Calamaro disparando las fuerzas centrifugas que alejarían también a Cachorro Lopez y a Gringui Herrera. A finales de año, el frenesí termina con Miguel anunciando la separación del grupo. Un ciclo artístico vigoroso llegaba a su fin luego de haber llegado a ser la banda más importante del país.

Miguel Abuelo comenzará 1986 tratando de encontrar cómplices para seguir divulgando su mensaje. Su nueva banda estará compuesta por su sobrino Marcelo Fogo en bajo, Kubero Díaz (La cofradía de la Flor Solar) en guitarra, Juan Del Barrio (Spineta Jade, Sueter) en teclado y “Polo” Corbella en batería, quien se retiraría ese mismo año, Willy Crook completaría la plana para las presentaciones en vivo.

El disco que en un principio sería firmado por Miguel Abuelo en Banda término saliendo bajo el auspicio de Los Abuelos de la Nada por presiones comerciales de la discográfica Interdisc. “Cosas mias” no solo le daría nombre a la placa sino que se convertiría en un éxito radial. Sin embargo, Miguel nunca pudo remontarse al sonido original de la banda y el grupo perdió aceptación. Una gira latinoamericana al año siguiente los llevó a Peru, Uruguay y Paraguay, mientras el líder sufría una enfermedad desconocida que lo llevaba a la postración durante sus días febriles. Su frágil condición medica no le dejará más remedio que disolver la banda a principios de 1988.

Dos potencias se saludan: Juan Alberto Badía y Miguel Abuelo se saludan afectuosamente.

Ese verano Miguel Abuelo peregrinará sin diagnóstico por algunas clínicas. Más tarde se sabrá que los médicos de la clínica Bazterrica no le habían querido comunicar que era portador de HIV por no saber cómo tratarlo y en su lugar terminarian por enviarlo a casa.

Finalmente, el 26 de marzo de 1988, días después de su cumpleaños número 42, Miguel falleció en una clínica de Munro después de que una operación de vesícula decantara en una infección masiva. Sus restos se mueven al compás de la marea bonaerense por voluntad propia y su mensaje de libertad le gana a la muerte cada vez que “la socia de los peregrinos” es mancillada.

Su vocación de poeta lo había llevado a pasar los últimos 8 años de su vida en una carrera desenfrenada por dejar testimonio de lo vivido, donde sus noches de tragos en “La esquina del sol” de Palermo Viejo se conjugaban con caminatas por San Telmo, estudios de grabación, teatros, presentaciones y giras.

Miguel le había puesto el cuerpo a esa parte arriesgada y experimental del espíritu humano que irreflexivamente demanda libertad y que la cobardía y el conformismo de nuestras sociedades modernas suele delegar en sensibilidades distintas como la de él, no sin antes criticarlos y rebajarlos por su osadía de renunciar a la mediocridad. Su máximo logro había sido tomar una formula simple y hacerle palpar la emancipación a un pueblo vapuleado por la violencia y la economía de una dictadura venal y entreguista.

Si la respuesta a una misma situación había encontrado ecos distintos en las obras de Sumo, más punk y arrojada, o Virus, mas sentimental y nihilista, Miguel nunca menguo en su mensaje de esperanza y el pueblo supo abrazar la democracia con el mismo énfasis y pasión que su música.

En exactamente 364 días, la partida de Luca Prodan, Miguel Abuelo y Federico Moura darían por finalizada una época de oro para el rock argentino.

Disco de la semana: Illumination, de Paul Weller.
Canción de la semana:  A Bullet for everyone, de Paul Weller.

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