"Un genocidio no se perpetra en un día, no tiene una única fecha"

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Napalpí: el genocidio olvidado

"Un genocidio no se perpetra en un día, no tiene una única fecha"

Napalpí: el genocidio olvidado

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Hace unos días renunció la cúpula de la policía de la provincia del Chaco, en rechazo de la suspensión de los cuatro agentes imputados por atacar a una familia Qom, el pasado 31 de mayo. ¿Estos hechos de violencia contra las comunidades originarias son una novedad? de ninguna manera. La historia se repite, pero no como farsa, más bien como genocidio por goteo.

Melitona Enrique . Fuente : https://www.diarionorte.com/

El 19 de julio de 1924, en la localidad de Napalpí, provincia del Chaco, una partida montada de fuerzas policiales abrió fuego desde temprano contra un grupo de 500 personas pertenecientes a las comunidades Qom y Mocoví reunidas pacíficamente. Las matanzas siguieron durante varios días, así que es difícil estimar las cifras de los muertos. Muchos murieron por las descargas, otros que quedaron heridos fueron pasados a degüello sin excepción. El grupo estaba compuesto principalmente por mujeres ancianas, niños/as y hombres desarmados.

Nadie quiso escuchar en ese tiempo la verdad de los hechos, sólo circuló lo que la prensa nacional y algunos diarios locales titularon como “sublevación de indígenas envalentonados”. Sin embargo, la masacre fue narrada muchos años después por una sobreviviente, Melitona Enrique, fallecida en 2008.

Esta no era la primera vez que se emprendía una masacre como forma de control social sobre poblaciones originarias del noreste argentino. El hostigamiento comenzó a mediados del siglo XIX con avances sobre el territorio, ignorando acuerdos de paz firmados por los sucesivos gobiernos. Luego, la línea de fortines facilitó el avance del Estado sobre el territorio ocupado por pueblos Qom, Mocoví, Pilagá y Wichi. Había que ocupar el “Desierto Verde”, así se llamó al Chaco geográfico, en clara alusión a la llamada “Conquista del Desierto” de La Pampa y Patagonia. Desierto que no era tal, conquista que no hacía falta si es que se trataba de un “desierto”.

 El territorio es más que la tierra, su propiedad escriturada, las parcelas de un égido o las fincas. El territorio tiene historia, la vida de la comunidad, una vida colectiva y su cosmovisión o imagen del mundo están allí. En sus muertos enterrados, en sus sitios sagrados, en los lugares de reunión. Es un concepto que no está comprendido en la legislación y que no entienden quienes solo ven las posibilidades de explotación económica de una cantidad de hectáreas de tierra y de sus habitantes.

Si bien Roca reclamaría recursos para esta “conquista” en 1884, la cosa había comenzado mucho antes, pero ésta será recordada cómo fecha oficial de inicio. En 1880 se había llevado adelante una campaña armada al mando del coronel Luis Jorge Fontana (que daría el nombre a una comunidad tristemente mencionada en estos días por otro hecho de tortura sobre una familia Qom). Este coronel también fue escriba de la campaña de Napoleón Uriburu a principios de la década y dejó una obra muy ponderada entonces, titulada “El Gran Chaco”.

También el concepto de frontera designa cosas diferentes según desde que lado se la mire. Dice Diana Lenton en “Historia de la crueldad argentina”:

“El término ‘frontera’ se utilizaba y se utiliza con connotaciones de ‘territorio     ideológico’, al presentarse como límite entre la civilización y la barbarie. Esta acepción fue relativizada por el propio Sarmiento; sin embargo goza –o padece- de gran difusión popular”.

Esa frontera difusa no da cuenta de las múltiples mixturas entre la sociedad india y la no-india. La población “gaucha”, sin afirmación en suelo alguno, nómade según los conchabos, no encuentra del todo pertenencia a ninguno de los dos mundos. Anda en la “frontera” y allí es enviada en tiempos álgidos a cumplir tareas como “carne de fortín”.

¿Cuál es el conflicto? Las tierras se han ido entregando a compañías privadas para ingenios y tabacales en Salta Jujuy y Tucumán y para cría de ganado y obrajes en, Chaco y Formosa. Los indígenas capturados eran entregados como mano de obra para estas empresas, mujeres y niños enviados a los grandes centros urbanos y repartidos como personal de servicio. Además, la producción se transportaba a los puertos de exportación en los flamantes ferrocarriles ingleses.

Cuando el gobernador Centeno prohibió que los originarios del Chaco salieran a otras provincias a trabajar, se generó un conflicto de intereses y apareció Napalpí como una “huelga de revoltosos”, cuando en realidad confluyeron en la protesta demandas por las pésimas condiciones de trabajo y la congregación para una ceremonia religiosa.

Un genocidio no se perpetra en un día, no tiene una única fecha, es un proceso de varias etapas. Algunas más visibles y otras invisibilizadas, según la tendencia en la opinión pública. Los hechos recientes en Fontana tienen denunciantes inmediatos y agencias del Estado que acompañan, organismos de DDHH y buena parte de la sociedad local y nacional repudiándolos.

¿Las causas habrán cambiado?  Para convertir un genocidio en una “heroica gesta” hace falta convencer de su legitimidad, pintar al “otro” como inferior y como enemigo. Eso lo hace la prensa, los historiadores y la educación. Será hora entonces de revisar estos tres poderes para ver si respetan, como dicen, la vida y la dignidad de los pueblos originarios.

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