Razón y Pandemia

"Los postmodernos critican la razón moderna como razón, nosotros criticaremos a la razón moderna por encubrir un mito irracional"

"Los postmodernos critican la razón moderna como razón, nosotros criticaremos a la razón moderna por encubrir un mito irracional"

Razón y Pandemia

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“Los postmodernos critican la razón moderna como razón, nosotros criticaremos a la razón moderna por encubrir un mito irracional” E. Dussel


La misma idea de pandemia vuelve a ponernos en el centro de una discusión que los amantes de la posmodernidad creían superado: la posibilidad de los grandes relatos explicativos. Si algo estamos viviendo es la intención, el deseo, de generar una interpretación y predicciones válidas para todo el planeta.

En esta línea los artículos y polémicas que llevan adelante algunos pensadores del centro del mundo se encargan, en su totalidad, de pensar la crisis sanitaria como una bisagra que modificará sustancialmente la vida en el mundo. Zizek creyendo que se abren las puertas para “la barbarie o un comunismo mejorado” o Byung-Chul Han quien solo se encarga de reafirmar la filosofía de la historia hegeliana que nos hace creer que la historia empieza por Asia y llega a Europa, y pasando por todo un conjunto de relatores de segunda mano que parecen asombrarse ante el desarrollo de una epidemia a escala planetaria, y afirmar cosas del estilo “esto nunca pasó” o “es un virus que prolifera por el cuerpo estresado de la humanidad”. Y así vamos leyendo infinidad de conjeturas, monografías, reportajes y hasta recetas de cocina que compiten con la sección astrológica de cualquier periódico.

Lo cierto, y mal que le pese a muchos, una pandemia no es una novedad en la historia humana por mucho que nos guste creer a los sujetos que cada suceso personal o colectivo que atravesamos, es único y novedoso.

Hace apenas cien años pasamos la “gripe española” y nada cambió. Hace apenas cinco siglos pasamos la “peste negra” y tampoco nada cambió. Acá algunos pondrán un grito en el cielo recordando la crisis del siglo XIV. Hay que recordar que ninguna peste genera una crisis de tamaña envergadura como para provocar el cambio de un sistema social y que el pasaje del feudalismo al capitalismo ya estaba en marcha cuando en el medio se cuela la peste.

Ahora bien. Resulta que parece que seguimos siendo bastante afectos a las interpretaciones que pueden hacerse desde una cómoda cama en Paris o desde un amable sillón en Berlín. De alguna forma, y a pesar de promover de manera constante la construcción de categorías disruptivas que nos permitan pensar (nos) desde nuestra centralidad y no desde otra centralidad, una centralidad que por más que nos pueda resultar simpática, revolucionaria o alternativa, no deja de contar y construir un relato que no nos incluye. Es posible que el mundo luego de la pandemia sea como dice Zizek o como dice Byun- chul, o como dice Giorgio Agamben o Bifo, todo eso es posible. Pero lo que no debemos olvidar es que seguramente para nosotros, parados aca, en Latinoamérica, en Argentina, nada de eso será posible. ¿Cómo podríamos vivir una barbarie mayor a la que vivimos los latinoamericanos desde el inicio de las políticas neoliberales? ¿Cómo podríamos vivir una barbarie mayor que el adormecimiento social que se inicia en la década de los noventa? ¿Desde dónde construiríamos un “comunismo mejorado” que el mismo Zizek no puede explicar? ¿En qué parte de la historia nos toca pararnos si todo empieza en Asia y termina en Europa? Como latinoamericanos ¿Estamos en el inicio, en el medio o en el final?

Si hay una oportunidad que tenemos es la de parar la pelota para darnos cuenta que tenemos una ocasión para pensarnos. Y una clara muestra son las respuestas políticas. La política sanitaria desarrollada por el Estado argentino a partir de esta crisis nos muestra que la praxis política ha sabido pararse por encima de las miradas que no nos tienen en cuenta como sujetos distintos y avanza en desarrollar alternativas que implican no comprar ningún modelo

¿Cómo saldremos de la pandemia? No muy distintos. Los indicadores que podrían hacernos pensar que saldríamos más solidarios, participativos y empáticos, chocan con las practicas discriminatorias y amenazantes, y chocaran aún más con la reducción de lazos solidarios que provocaran las políticas de distanciamiento social. Solo una fuerte intervención del Estado logrará aumentar lazos solidarios a pesar de las necesarias políticas sanitarias. Y la intervención estatal continuará estando en jaque por los programas liberales que, además, promoverán sus políticas Fido-dido.

Un virus no viene a solucionar nada. Solo viene a mostrar las peores caras de realidades horrendas: los espantosos niveles de desigualdad, la sedimentación de bombardeos mediáticos que durante décadas han marcado la necesidad del “salvarse” y ese “salvarse” es individual, un indigente picado por una serpiente en plena Ciudad de Buenos Aires y un medio pelo ocultando a “su” empleada doméstica en el baúl del auto para que vaya a limpiarle la casa. Nada de todo esto cambiará. El virus nos muestra miserias, pero esas miserias son rápidamente resignificadas, justificadas, moralizadas para que, pasado el virus, todos podamos seguir nuestro camino tolerando una sociedad en la que mucha gente vive en la calle, muchas empleadas domésticas son casi siervas feudales, y muchos sigan justificando no pagar impuestos porque “la labure toda la vida”.

El virus no va a cambiar nuestra inmoralidad. Una inmoralidad que se construyó y se construye sobre la base de la razón moderna y que se consolidad sobre la base de la razón posmoderna. Y esto es lo que hay que derribar.

Este es el camino que debemos pensar en el plano teórico. Camino empezado, truncado, recomenzado, pero que reconoce profundas contradicciones en el campo de lo popular porque en lugar de pensar lo europeo como aportes que puedan colaborar en nuestro proceso de liberación, lo seguimos pensando como verdades que vienen a iluminarnos. Es hora de encender el fuego que nos permita construir nuestro camino.

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